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Entrevista en GUIOTECA!

Los invito a visitar este link y a asistir a la feria del Libro el día 9 de Noviembre, pues estaré junto a Catalina Salem y Sascha Hanning en el stand de la editorial PUERTO DE ESCAPE!

BUEN VIAJE

http://www.guioteca.com/literatura-fantastica/camila-trabucco-autora-de-%E2%80%9Ccandragar%E2%80%9D-magia-y-fantasia/

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http://www.libreroonline.com/chile/libros/59701/trabucco-leiva-camila/candragar.html

Mi primera entrevista

http://www.mujeretc.cl/site/?p=4517

Visiten!!!!!

 

Segundo capítulo

El sueño de publicar mi libro se convertirá pronto en realidad, pues la Editorial PUERTO DE ESCAPE de Valparaíso, quiso arriesgarse con el CANDRAGAR. Estoy muy feliz y agradecida por la enorme oportunidad brindada, así como también me honra pertenecer al conjunto de autores publicados por dicha Editorial.

Espero informarles pronto la fecha de la Presentación para que asistan y me acompañen en esta emocionante aventura que ansío continúen disfrutando en el breve capítulo número dos, que invita como ninguno a querer seguir leyendo.

Todos los comentarios son siempre bien recibidos.

Que tengan un BUEN VIAJE.

Capítulo II

–Señora Directora.

–Si, Ana –dice al tiempo que ordena los papeles que tiene sobre

su escritorio.

–La senora Michelle solicita verla apenas tenga tiempo.

–Llámala y dile que tengo un par de minutos antes de marcharme

al Congreso.

Ana vuelve a su lugar de trabajo, toma el teléfono de cristal y obedece.

Michelle, agradecida y al tanto de lo rápido que debe hacerse este tramite,

arriba lo mas pronto posible a la sala.

–Mallorie, disculpa que interrumpa tus labores. Tengo algo que

comentarte respecto a la chica Delaunoy, pero preferí no hacerlo mientras

ella estaba presente.

–No te preocupes, no estoy apurada, cuéntame –sentencia interesada y

ofrece una taza de té. Michelle rechaza esta última de manera respetuosa.

–De nuevo se nos adelantaron, pues supieron que iba a buscarla. Si

hubiesen llegado antes, no habriamos podido entrar a la linea de tiempo.

–¿Estás segura de lo que hablas? –pregunta incrédula y con un rostro

que denota poco interés.

–Vi el portal, Mallorie. Hay alguien que les esta informando a

nuestras espaldas –la Directora deja de observar la pila de papeles para

dirigirse a quien tiene enfrente, de manera desafiante.

–Recuerdo que la ultima vez que se tocó este tema, las cosas

quedaron claras…

–A mi no me pareció así. Y no me pidas que me quede de brazos

cruzados, cuando los secretos del Colegio son revelados como si nada.

–No seas ridícula, Michelle. ¿Cómo es que puedes siquiera pensar

que es alguien del Colegio?

–Porque precisamente es aquí donde la informacion se genera y es

precisamente aquí de donde no debiese salir y aun así, lo hace. Ahora, mi

pregunta es: ¿Por qué te reúsas a considerar el hecho de tener a alguien

que nos está traicionando, cuando evidentemente eso es lo que ocurre?

Las pruebas están, Mallorie, solo falta que tomes cartas en el asunto –la

mujer de cabello corto y ondulado, sonríe de forma irónica, mientras su

rostro mantiene una expresión desdeñosa.

–Yo tengo una pregunta para ti, Michelle: ¿Por qué no te ocupas de

tus asuntos y dejas que yo me ocupe de los míos? Últimamente te has

empeñado en inmiscuirte en materias que no te corresponden y déjame

decirte que esta es otra de ellas… –afirma, poniéndose de pie y dando

a entender que el par de minutos disponibles, ya acabaron. Michelle,

resignada, hace lo mismo, no obstante, antes de cruzar la puerta de salida,

pronuncia calmada:

–Tus amenazas sin fundamento no me alteran y lo sabes. Debes

tener claro que no descansaré hasta encontrar al culpable de todo lo que

ha acontecido.

–Adiós, Michelle –ésta da media vuelta y se retira.

La Directora Mallorie aún inquieta, cierra la puerta desde su

escritorio y se pone a remover la carpeta amarilla que leyó en presencia

de la chica, para luego colocarla bajo su brazo. Enfrenta la muralla situada

a su costado derecho, abre un portal y abandona su oficina.

Gracias

Gracias a todos los que han visitado el sitio, a María José, Tomás y Omar por dejar sus comentarios y a quienes me los han dado personalmente.

Pronto subiré el segundo capítulo.

¡No se lo pierdan!

Mi nuevo libro

Tenía apenas doce años cuando el bichito de la literatura me picó lo suficientemente fuerte como para iniciar la aventura más importante y emocionante de mi vida. Y después de ese momento, no había forma de retroceder, pues la historia del juego mágico CANDRAGAR llegaba para quedarse.

No recuerdo la última vez que viví sin pensar en los personajes de mi novela, ya que poco a poco fueron convirtiéndose en fragmentos de mí misma y aún más desapercibidamente, pasaron a ser el motivo por el que me quedaba en casa las tardes, imaginando las aventuras que disfruté escribir como deseo que ustedes también disfruten leer.

Me tomó cinco años reunir las palabras necesarias para concluir el libro que quiero publicar. Sin embargo, aún siento que algo me falta. ¿Será porque no tengo la certeza de que es tiempo de dar este gran salto? o simplemente porque tengo muchas ganas de hacerlo y mucho temor a caer en el intento. No lo sé, pero me gustaría averiguarlo y me di cuenta de que este espacio podría resultar en extremo favorable si publico el primer capítulo de mi novela y ustedes me escriben qué les pareció.

Los invito a lanzarse junto a mí en este viaje maravilloso y a pesar de que no soy muy buena, encontrando bombones de tiempo para meterme al computador, prometo revisar y responder todo aquello que me envíen.

Sin más preámbulo y queriendo siempre, entretenerlos, les dejo el inicio de la que podría comenzar a ser su historia favorita.

                                                                                    I

– ¡Camille!

–Lo siento. Me tengo que ir, mañana acordaremos qué hacer con el trabajo de historia. –dice la niña de tez blanca a medida que emprende el camino hacia el auto en que la esperan desde hace ya un buen rato. Una vez que ingresa a éste, le reprochan:

– ¿Cuántas veces tengo que llamarte para que me hagas caso, hija?

–Perdón. Tenemos que hacer un trabajo de historia y nos estábamos poniendo de acuerdo. Además no escuché cuando me llamabas. –responde ella, sinceramente.

Camille Delaunoy vive en Francia, en una ciudad pequeña y alejada de todo, llamada Nantiat. Tiene ojos almendrados de color pardo, labios que llaman la atención por ser gruesos, de un color rojo inusual y posee una familia bastante fuera de lo común: Su padre, Phillipe Delaunoy, es un empresario que a diferencia de muchos otros, se preocupa más por pasar tiempo con su familia que otorgarle lujos materiales que dice, insignificantes. Su madre, Catherine Delaunoy es una mujer hecha de paciencia, cariño y correctos modales que no deja de exigir día a día y a toda hora. Su hermano mayor, Olivier; Sophie, una bella niña de trece años y por último, pero no menos importante, la pequeña y graciosa Paulette.

Para Camille su familia es la que ha estado allí por ella siempre, razón por la cual tiene claro que pase lo que pase, siempre tendrá un lugar al que volver.

Hoy desde que se levantó, ha tenido una extraña sensación que suele presentarse cuando algo se encuentra fuera de lo normal. Esto le preocupa, pues ya ha transcurrido la mayor parte del día y todavía siente que algo no anda bien.

Sentada en el auto, comienza a inquietarse, ya que sin motivo alguno le duele el estómago y mientras más pasa el tiempo, más lejanas le suenan las voces de sus hermanos, quienes hablan entre sí, respecto a lo acontecido en la jornada escolar.

Finalmente llegan a casa. Camille como todos los días, sube al segundo piso en dirección a su habitación y coloca su mochila sobre la cama. Se sienta, respira hondo y espera que la molestia se disipe, mas no parece conseguirlo. Ante esto se pone de pie, camina de lado a lado sin dejar de respirar profundo y vuelve a sentarse. En ese momento, un leve crujido de madera se escucha tras ella, desde el guardarropa. Su expresión de alerta, se torna temerosa y mientras un escalofrío recorre su menudo cuerpo de pies a cabeza, ríe, queriendo acabar con el sofocante silencio que en la escena se impregna.

Con la piel erizada, comienza a notar que la sensación inicial ha desaparecido de golpe y que aparenta no regresar. Sin embargo, justo cuando creía que el día volvería a ser como cualquier otro, un segundo crujido se escucha más fuerte que el anterior, resultándole imposible, no mirar hacia atrás.

La chica se para instantáneamente e intenta gritar lo más fuerte que puede, mas la rubia y delgada mujer, situada frente a ella, se lo impide. Espantada, trata de salir corriendo de allí y al igual que con el grito, esta persona que luce de treinta años, frustra ése y todos los intentos de escape que pasan por su cabeza. De manera suave levanta las manos en señal de calma y, apenas, la joven cambia de actitud, prosigue a susurrar lo suficientemente alto para ser oída.

–Camille. No te asustes, mi nombre es Michelle y necesito que me acompañes. –termina la dama de traje elegante color beige, como si sus palabras fuesen tranquilizantes.

La joven, con un rostro sorprendido y angustiado, pregunta:

– ¿Es esta una especie de broma?”

–“¿Qué te hace pensar que bromeo?” –replica Michelle tiernamente, simulando empatía. Se detiene un instante y agrega con tono convincente: –La verdad es que no tenemos mucho tiempo, por lo que te recomiendo que tomes la decisión de seguirme, de inmediato.

– ¿Seguirle a dónde?

La mujer sonríe y se mantiene callada durante el par de segundos que le toma a Camille, darse cuenta de que aquel rostro, a pesar de no haberlo visto antes, le parece familiar y que de alguna forma, es capaz de cesar todo el miedo infundido con una simple sonrisa. La persona que irrumpe en su habitación, está al tanto de su nombre y quiere llevársela; de un segundo a otro y sin justificación, deja de atemorizarla.

–Entiende que no puedo decirte, son las órdenes que he recibido. Sé que es muy difícil, pero debes confiar en mí y debes hacerlo ya. No será por mucho tiempo.

–Lo siento, no puedo hacer lo que me pides; es más, creo que nadie lo haría.

–Eres lista, siempre lo has sido. Sin embargo no tengo tiempo para explicarte los motivos por los que me encuentro aquí ahora y eso es algo que tendrás que aceptar tarde o temprano. –sentencia, mientras empieza a inquietarse notoriamente. Al parecer, algo o alguien, la pone nerviosa.

–No sé de qué estás hablando, pero te creo. Tan solo deja que me despida de mi familia. Si dices que será por un tiempo, deben saber que estaré bien. Pueden creer que he muerto si transcurre más de lo esperado. ¿Tú hablas de una hora, no es así? –cuestiona al darse cuenta del problema en el que se vería implicada si el viaje dura más de una hora.

–Después comprenderás Camille, debemos irnos, no podemos demorarnos más…” –la mujer mira, a través de la ventana de la habitación de la chica y ve algo que la obliga a tomarla del brazo lo más rápido posible. Avanzan hasta enfrentar una muralla y sobre ésta, Michelle con su mano derecha, abre una especie de círculo luminoso que cruzan, desapareciendo.

La joven cierra los ojos y una serie de sensaciones desagradables, se suscitan sin poder evitarlas: vértigo, debido a la caída que parece experimentar; mareo, dado los bruscos movimientos que la trayectoria va tomando; dolor de cabeza, gracias a los cambios de presión y finalmente, el shock, producto de lo anterior sumado a la carga emocional que trae el no tener idea de lo que sucede, el haber abandonado su casa con una completa extraña y la certeza de estar próxima a la muerte.

El viaje de solo un segundo con veinte centésimas, se torna eterno. Cree que es el fin, cree que después de esto se encontraría en un lugar paradisíaco que le daría a entender que no regresará con su familia, no obstante, sus pies impactan con el suelo nuevamente y toda esa luz que antes la cegaba, ahora le pide a gritos que abra los ojos.

Sabe que de todos los posibles escenarios en los que se imaginó aparecería, éste es el que más le gusta, pues es el más normal. Un recinto muy similar al campus de la universidad a la que su hermano sueña con asistir, se abre de par en par frente a ellas con cientos y cientos de jóvenes de su edad, algunos más grandes, otros más pequeños,  pero al fin y al cabo: seres humanos.

Arboledas hermosas, jardines que bordean los edificios que se extienden por los costados y al que Camille, supone como principal, dada su magnificencia, tanto de tamaño como de altura y belleza. Verdes campos por doquier, aves que ella jamás había visto, flores de colores únicamente posibles en sus sueños y un cielo que no recordaba haber apreciado tanto.

Con el estómago revuelto a más no poder y la cabeza a punto de reventársele,  apura su caminar, con el objetivo de detener el desesperante tironeo que Michelle debe darle para mantenerla de pie y despierta.

Al parecer se dirigen a la entrada de la construcción frontal, la cual posee un par de inmensas puertas de cristal, que al igual que el resto de los aparatos que pueden apreciarse desde lejos, por la chica, son de una tecnología tal, que en este caso, reconoce las huellas digitales de quienes tienen acceso al recinto. Michelle posa su mano en la superficie helada de los mencionados ejemplares y de inmediato, un tenue haz de luz los recorre desde el centro hacia la periferia. Acto seguido, las puertas se abren y ellas ingresan a los amplios y extensos pasillos de mármol que son transitados tranquilamente, por quienes observan a la joven, pálida y extraña, que camina desconcertada junto a la conocida mujer, en dirección a la oficina de la Directora.

Después de una serie de bifurcaciones que enfrentan, siempre tomando la derecha, se topan con un par de puertas similares a las anteriores, que difieren únicamente en el tamaño. Una vez que éstas se abren, entran a la llamada “recepción”, que antecede su destino.

La joven secretaria que allí trabaja, se pone de pie, saluda a Michelle y sin preguntar, entrega la tarjeta transparente que guarda el código de acceso a la oficina de la Directora. La mujer acerca el objeto hacia el lector, situado en el costado izquierdo superior de la entrada y sin soltar a la chica, que apenas continúa consciente, avanza al interior, cuando el aparato se lo permite.

Allí se encuentra una señora, sentada frente a un angosto, pero extenso escritorio de cuarzo tallado, sobre el que rápidamente deposita una taza de té para ofrecérsela a la chica e invitarla junto a Michelle, a que tomen asiento frente a ella.

Camille arrastra su mano y agarra la oreja de la taza, con el propósito de llevársela a la boca y beber un sorbo del reconfortante líquido. Éste, sin motivo alguno, tal como el resto de las cosas que le han sucedido hasta el momento, remueve poco a poco cada gota de malestar que el viaje le provocó y es capaz de devolverle el color a su rostro y un poco de calor a sus manos y pies.

La mujer, alta y delgada, vestida con un traje elegante color rojo rubí, remueve de uno de los cajones del lado derecho, una carpeta amarilla que prosigue a leer:

–Camille Delaunoy… –pronuncia sin dificultad, deteniéndose luego a mirar a la chica, esperando su aprobación para continuar: –Edad: dieciséis años. –

–Sí, señora. –afirma perpleja.

–País natal: Francia. Ciudad en la que resides: Nantiat. Dimensión en la que has residido: Cuarta… –la Directora, de cabello rubio, corto y ondulado antes de cerrar la carpeta parece leer algo que llama su atención, pero que se abstiene de mencionar. Se saca los lentes de lectura, después de devolver el documento al cajón del que lo extrajo y se dirige nuevamente a la joven: –Bueno, Camille. Imagino cómo debes sentirte: primer viaje, ignorancia total, gente a la que no estás acostumbrada y mucho más por descubrir. Sé que no es fácil lo que tenemos que decirte, pero el problema es que ya no podemos seguir ocultándotelo. ¿Hizo efecto el té? ¿Cómo te sientes?

–Mejor, gracias. Más confundida que antes, pero ya no me siento mareada.

–Que bien… –sentencia animada y prosigue con tono dudoso y vacilante: –…Lo cierto es que jamás me había tocado decirle esto a un estudiante, ya que la mayoría de los que asisten a este colegio, nacieron en un entorno que posee las mismas leyes que aquí poseemos y como habrás podido notar durante el trayecto hasta acá, estas leyes no son las mismas que conoces. ¿No es así?

–Es así, señora. Nada aquí parece tener sentido y por lo mismo, no entiendo qué sucede.

–Sí. Creo poder ponerme en tu lugar, mas dudo que pueda acercarme a lo que realmente experimentas y por ello me disculpo, ya que en gran parte, nosotros somos los culpables de tu ignorancia en cuanto a la magia respecta. –declara la mujer de aproximadamente cincuenta años, de tal forma, que aquello que dice no suena tan descabellado para la joven.

Camille, repasando la oración, comprende que lo único capaz de explicar y darle una pizca de lógica a lo que ha pasado, es la magia. Su rostro, un poco más convencido, dan a la Directora, la entrada que necesitaba.

–Pequeña, has arribado al Colegio internacional Trillaqua y aquí conseguirás desarrollar las habilidades mágicas que sabemos, posees.

–Perdón. Aquí hacen clases de magia…–un sutil tono irónico es detectado por Michelle y molesta interrumpe a la joven.

–No sacamos nada con intentar explicarte aquello con lo que nunca has tenido la oportunidad de vincularte, pero que al mismo tiempo, siempre lo has hecho. Debes verlo tú…–apoya su mano sobre el hombro de ella y agrega: –…en tu casa, en la cuarta dimensión, no podías quedarte, pues hay quienes se dieron cuenta de que te ocultábamos allí y nos es más difícil protegerte allá que acá.

–Claro, Camille. Además, acá aprenderás los conocimientos que requiere todo mago para poder defenderse de quienes pertenecen a nuestra Liga enemiga…pero bueno. Mucho hablar y poco hacer. No te darás cuenta cuando todas las respuestas a las dudas que emergen en ti en este momento, se disipen como si nunca hubiesen aparecido.

–Es cierto. La magia existe y tú eres un factor muy importante dentro de este mundo. Sé que suena inusual, sin embargo, poco a poco te irás dando cuenta que nuestras palabras no son inciertas. –afirma Michelle más relajada, al tiempo que la Directora se pone de pie, con el objetivo de finalizar la pequeña reunión que tomó un espacio no disponible en su agenda.

Las dos imitan la acción de la señora y con un gentil apretón de mano, se despiden y prosiguen a abandonar la enorme e iluminada habitación. Michelle se dirige a la secretaria:

–Ana, por favor. Dile a Mallorie que necesito hablar con ella. Estaré en mi oficina, que me llame. Es de carácter urgente. –sin esperar más respuesta que una afirmación de cabeza, se retira junto a la anonadada chica.

Salen de la sala y enfrentan una bifurcación, doblan a mano derecha y se encuentran con un pasillo más ancho que el anterior. A través de éste, se puede apreciar una gran cantidad de puertas. Éstas van siendo señaladas por la guía.

–Esta sala de aquí es la de Control, la del frente es la de Relajación, las que siguen son oficinas de la Administración y cómo ves…–dice, apuntando una placa de cristal con su nombre, grabado. –…esta oficina es la mía. Aquí me vas a encontrar siempre que me necesites.

–Gracias.

–Ahora te recomiendo que salgas un rato, te despejes, respires un poco de aire fresco y comiences cuanto antes la jornada de clases. Tus libros están situados al interior de tu casillero, el cual se abre, exclusivamente con tu huella digital. Si doblamos por acá… –describe, a medida que avanza: –…nos encontramos con el pasillo principal del Trillaqua, en el que, por medio de estas plataformas cristalinas, obtienes el acceso a tu material de estudio. Coloca tu dedo índice aquí…–ordena, indicando con su mano el sector superior izquierdo de la plataforma, en el que se sitúa un óvalo que calza perfecto con el tamaño del dedo requerido. La joven obedece y de inmediato su nombre aparece en la placa. Luego y de manera sorpresiva, emerge de la pared un casillero metálico; y debido a que transcurren más de tres segundos, sin ser tocada la superficie del objeto, éste se esconde nuevamente.

–Vaya… –anuncia, susurrando y con el ceño fruncido. –…no me esperaba eso. –Michelle sonríe y continúa junto a ella hacia el final del camino.

–Y este, es sólo el comienzo Camille.

New Essence, Solo en la obscuridad

Novela escrita por Nicolás Alvarez